• Movimiento Cívico Constitucional

SIMILITUDES HISTÓRICAS ENTRE LA GUERRA DEL PACIFICO Y LA PANDEMIA


Por: Fernando Palomino Milla

13/02/2021


Nadie podrá dudar hoy que las dos principales crisis devastadoras en la historia del Perú republicano, amén de otros, fueron La Guerra del Pacífico y la Pandemia COVID 19 de la cual aún no salimos. Son hechos trascendentales que han marcado nuestras vidas en todo sentido. Sin embargo hay similitudes inquietantes en estos dos hechos que merecen comentarse.


Ambos costaron y cuestan la vida de decenas de miles de peruanos tanto en los campos de batalla en tierra y mar, así como cercenar la integridad territorial perdiendo para siempre Arica, Tarapacá e Iquique por un lado, y por el otro, como víctimas de la actual pandemia, siendo estas última quien más vidas ha costado hasta ahora 100,000 según datos estimados. Estos dos hechos además originaron severas crisis económicas gravísimas con el atraso consecuente en el desarrollo nacional.


Ambas crisis se desarrollaron en un contexto de crisis política, recordemos el “ingenuo” viaje de Mariano Ignacio Prado en medio del conflicto para comprar acorazados que el Perú requería para contrarrestar la superioridad naval del adversario, dejando al General la Puerta entonces Vicepresidente, a cargo del Estado quien acto seguido fuera depuesto por el funesto Dictador Nicolás de Piérola y sucesivamente García Calderón, Lizardo Montero, Miguel Iglesias. En el periodo 1879-1884 de la Guerra del Pacífico finalmente llegamos a tener seis Presidentes. Hoy en medio de la crisis de salud, hemos tenido tres Presidentes, Vizcarra, Merino y Francisco Sagasti, un total de cuatro Presidentes en los últimos cuatro años desde la renuncia de Pedro Pablo Kuczinsky así como un nuevo Congreso quien asumió funciones en medio de la pandemia.

Las dos crisis encontraron a los sectores responsables de la administración pública para lidiar con las crisis en estado calamitoso. En 1879 contábamos con una FFAA en mala situación operativa, prácticamente en estado de indefensión, comparado con el entonces adversario, hoy en el 2020, un sector salud marginal y sobrepasada sus limitadas capacidades para poder enfrentar el impacto de la pandemia en la ciudadanía.


La desidia de financiar la Defensa Nacional desde la década de 1860 en adelante, la ingenuidad de creer que los mecanismos diplomáticos por si solo inmunizarían al Perú de la posibilidad de un conflicto interestatal y un Tratado de Alianza defensiva con Bolivia y Argentina, que posteriormente no ratificó y que a la postre el tratado fue la excusa perfecta del adversario para declararnos la guerra el 5 de abril de 1879, el desarme de la escuadra por orden directa de Balta, la creencia que en vez de acorazados para la Armada “El Perú tiene dos poderosos blindados y ellos no son sino su Alianza con Bolivia y la Argentina” como cándidamente pensaba el Presidente Manuel Pardo, fueron a no dudar las causas de la derrota militar en la Guerra del Pacifico y las dolorosas consecuencias.


Hoy, la negligencia de la clase política quienes nos gobiernan desde hace más de 30 años y nos representan en los sucesivos Congresos de la República, han venido postergando el financiamiento de la Política Pública de Salud para las mejoras de sus capacidades, destinando al igual que en educación, uno de los presupuestos anuales regionales más bajos en términos del PBI a pesar del explosivo crecimiento económico del Perú en los últimos 20 años de casi 5% del PBI nunca antes visto en su historia económica y de los consensos para las Políticas de Estado establecidos en el Acuerdo Nacional en materia de salud principalmente; se dio la espalda a esta política pública y otras importantes y por supuesto, desde antemano apenas llegada la pandemia al Perú, sabíamos perfectamente el daño e impacto en vidas que nos costaría, crisis que aún no termina. Sumado a lo anterior, la crisis de salud se exacerbó por la pésima gestión del Ejecutivo en todos sus niveles y las trabas de los Congresos quienes prefirieron anteponer sus intereses personales, ideologías e intereses de partido antes que la preocuparse de la salud de los peruanos.


El manejo de la crisis por el Ejecutivo desde el inicio de la Pandemia del COViD 19 fue inadecuado y poco transparente lo cual exacerbó aún más los daños de la pandemia. No se invocó a la ley del sistema de Seguridad y Defensa Nacional (Ley 28478) y Ley de Movilización Nacional, (Ley 28101) que se aplican contra amenazas convencionales (conflictos y guerras) y amenazas no convencionales, entre ellas, “calamidades generados por la naturaleza inducidas por el hombre” tienen aplicación directa ante la pandemia del COVID 19.


Las FFAA, más allá de apoyar en la seguridad interna a la Policía Nacional en las calles, están desplegadas a lo largo y ancho del territorio nacional, conocedores de las realidades regionales y tienen la capacidad de efectuar el planeamiento, registro, inventarios, logística y un largo etcétera en apoyo de la sociedad ante una emergencia como la Pandemia COVID 19.

Esto de ninguna manera representa la militarización del país. El Presidente Vizcarra lamentablemente no las implementó posiblemente por no dar “protagonismo” a las FFAA o por ignorancia sobre sus roles. Finalmente Vizcarra cayó en un mar de mentiras, al igual que Prado en 1879, entre ellas, que la vacuna llegaría en Diciembre y que todos o la gran mayoría de peruanos estaríamos vacunados antes de las elecciones de abril próximo.


El Legislativo, por otro lado, enfrentado directamente al Presidente Vizcarra hasta que finalmente consiguió vacarlo, e imprudentemente en medio de la severa crisis económica, estuvo más preocupado en crear Leyes de corte populista de gran impacto económico, varias de ellas desconociendo la no iniciativa de gasto del Congreso y a pesar de saber estas limitaciones constitucionales, promulgando por insistencia leyes para el aplauso popular en claro enfrentamiento con el Ejecutivo, leyes que finalmente son y serán declaradas anticonstitucionales por el Tribunal Constitucional.


Todo lo anterior, mezcla de negligencias, desidias, ideologías, crisis política, desoír a los especialistas en salud, luchas intestinas, cálculo político etc. conllevó la excesiva demora por los contratos de suministros de vacunas contra el COVID 19 comparativamente con otros países de la región, algunos de los cuales incluso lidiaban al mismo tiempo con crisis políticas.


Los acorazados requeridos antes para la Guerra del Pacífico que nunca llegaron y que significó la pérdida del mar a pesar del sacrificio de Grau y que condenaron al Perú a su mutilación territorial se asemejan hoy al caso de las vacunas anti COVID 19, a pesar de tener los recursos en el mejor momento económico del Perú, y que mientras más sea la tardanza en llegar de estas vacunas más peruanos morirán. Ambos casos tienen un común denominador, la reactividad multicausal de la clase política peruana ante emergencias nacionales.

Próximos a celebrar el Bicentenario en plena Pandemia, en base a nuestras experiencias como país, es momento de reflexionar como revertir el carácter reactivo de los gobiernos de turno ante las diversas crisis que nos golpean y golpearan en el futuro. Desastres Naturales, sismos, tsunamis, fenómenos del niño, pandemias, terrorismo, narcotráfico, conflictos internacionales etc., a no dudar, se presentan o presentaran tarde o temprano.


La similitud histórica nos obliga como peruanos a consensuar entre todos los actores políticos, partidos, academia, medios, etc. sobre la necesidad de adoptar Políticas Públicas pro-activas desterrando los enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y Legislativo así como la reactividad, siempre mala consejera, que tanto daño nos ha hecho alrededor de la historia. En esta línea, a partir de la reactivación económica nacional, las Políticas de Estado del Acuerdo Nacional, entre ellas la Salud, Educación, Seguridad y Defensa deberán dejar de ser declarativas y enunciados de buenas intenciones debiendo otorgarle un carácter vinculante de forma progresiva en los presupuestos públicos.


Finalmente, es necesario que este gobierno siente las bases para la creación de una “Comisión de la Verdad” que el próximo gobierno tendría la obligación de convocar. Las decenas de miles de muertos por las negligencias del Gobierno de Vizcarra y del Congreso durante la pandemia así como los distintos gobiernos en los últimos 30 años en desatender la política de Salud exigen una profunda investigación y el claro señalamiento de responsabilidades políticas y penales sin perjuicio que le Ministerio Público de oficio inicie investigaciones preliminares con la misma celeridad y seriedad de las investigaciones por los dos jóvenes fallecidos durante las recientes marchas. Las miles de muertes de ciudadanos peruanos no deben quedar impunes.

No esperemos otra mega crisis como la actual para recién reaccionar. La tercera puede ser la vencida.



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